Coronavirus: un obispo mexicano culpó al aborto y los derechos sexuales de la pandemia

Mundo 25 de marzo de 2020
El sacerdote mexicano Ramón Castro, en su homilía en la catedral de la ciudad de Cuernavaca, aseveró que la pandemia mundial que asola al mundo se explica a partir de una suerte de venganza cometida por el que la Iglesia Católica entiende que se trata del Creador del Universo: Dios. En ese sentido, el cardenal explicó que las causales del enojo que justifican el castigo están dadas a partir de las prácticas como el aborto, la sanción de leyes sobre géneros e identidad sexual y la muerte asistida.
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Ramón Castro, obispo de la diócesis mexicana de Cuernavaca, culpó al aborto, al matrimonio igualitario, a las leyes de género y a la eutanasia por la creciente pandemia del coronavirus. «La humanidad ha querido jugar a ser Dios», sentenció el religioso a partir de la ejecución de su reciente homilía en la catedral de dicha ciudad azteca. Al mismo tiempo, en su discurso ante los fieles, agregó: “Hijos, Dios no está hablando, está gritando, vamos a escuchar, sepamos escuchar, estemos atentos, la vida es tan corta, de ahí entonces que hayamos decidido medidas drásticas por el bien de todos”.

En el despliegue de su relato, el funcionario católico detalló, según sus opiniones, las conductas humanas por las cuales “Dios está gritando”, al especificar que «en 2019 se registraron 50 millones de abortos en el mundo, mientras la humanidad ha seguido como si nada, a gusto, proclamando su pseudo libertad, cuando son hijos de Dios y los hemos asesinado”.

También justificó la proliferación del Covid-19 y los males y complicaciones que ello flagela a una parte del planeta a aquellos individuos quienes, ante sus circunstancias, eligieron optar por la muerte asistida. A su vez, y a renglón seguido, se dio tiempo para destilar sus apreciaciones sobre las problemáticas de sexualidades, géneros e identidades.

“La eutanasia: ya me cansé de sufrir, que me maten; o los niños que están muy graves en Holanda y en Bélgica, los papás pueden decidir que los maten; que se esperen los niños a ver qué género quieren ser, que una niña quiere ser niño, ¡Ah caray! Seguramente Dios dice, oigan hijos a dónde van, momentito, soy su papá y los quiero y soy misericordioso, se están yendo a un abismo, nos está gritando”, expresó de un tirón.

El obispo mexicano también avisó que aquella celebración se trata de la última reunión presencial para pasar a producirse mediáticamente a través de redes sociales, igualmente, antes de despedirse, a modo concluyente, redondeó el concepto: “como un pequeñísimo, microscópico virus, viene a decirle hoy a la humanidad: ey, eres frágil, eres vulnerable, ni tu éxito, ni tu dinero, ni tu poder te van ayudar, date cuenta quién eres, no juegues a ser Dios, la humanidad ha querido jugar a ser Dios”, concluyó el obispo.

Las insólitas conjeturas vertidas por Ramón Castro no son aisladas. Por caso, Raymond Leo Burke, cardenal estadounidense, fue más allá e instó por carta pública a desobedecer los aislamientos establecidos en distintos países para asistir a misa y celebraciones religiosas. «No podemos aceptar las determinaciones de los gobiernos seculares, que tratarían la adoración a Dios como ir a un restaurante», determinó en la epístola.

A su vez, la carta escrita por el religioso desarrolló el mismo sentido al cometido en la homilía por el obispo mexicano, en tanto que, luego de ordenar a que a los actos religiosos se los reconozca como actividad esencial, dicho cardenal embistió contra derechos individuales y sociales, como la interrupción voluntaria del embarazo o la libre opción sexual e identidad de género.

“Una persona de fe no puede considerar la actual calamidad en la que nos encontramos sin considerar también cuán distante está nuestra cultura popular de Dios”, soltó en la comunicación, para agregar que “solo tenemos que pensar en los ataques contra los no nacidos” y que “solo necesitamos pensar en el ataque generalizado contra la integridad de la sexualidad humana, en nuestra identidad como hombre o mujer, con el pretexto de definir para nosotros mismos, a menudo empleando medios violentos, una identidad sexual distinta de la que Dios nos ha dado. Con una preocupación mayor somos testigos del efecto devastador en los individuos y las familias de la llamada “teoría del género”. Sostuvo.

Con todo, algunos religiosos, ante la pandemia, se direccionan sobre un trazado social más simpático o solidario. Tal es el caso de Omella, cardenal arzobispo de Barcelona, en España, quién ofreció a todos los servidores públicos de la región que se encuentran trabajando contra el coronavirus – sobre todo a médicos y enfermeros – sus servicios de “ayuda espiritual”.

“Desde el arzobispado de Barcelona os comunicamos que si alguno de los servidores públicos que estáis trabajando contra el Covid-19 necesita atención espiritual o tiempo de escucha no dude en ponerse en contacto con nosotros”, aseveró en un comunicado reciente, mientras agradece “de todo corazón por lo que estáis haciendo, por vuestra profesionalidad, por vuestra perseverancia y por vuestra generosidad por trabajar muchas más horas de las habituales”.

De todos modos, lo que oculta tal comunicado que intenta propagar y reproducir una aparente buena acción, es el fortísimo lobby que desdobló la Iglesia Católica de España cuando en 2019 consiguió que no se promulgue ninguna ley que implique recorte alguno sobre sus generosas exenciones impositivas y fiscales sobre la cual las incontables propiedades que no están destinadas a las prácticas relacionadas al culto, sino a la comercialización a través de su usufructo comercial (como los alquileres de inmuebles, renta de tierras, etc.), encontrarían una cantidad monetaria suficiente para impulsar una mejor partida en el magro e insuficiente presupuesto de salud en España.

:::Máximo Paz, para ANRed:::

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